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Abr 29 2013

Murcianismo de cemento

Cuánto tiempo llevaba esperando una alegría como la de ayer en NC, para poder compartir con vosotros un canto de esperanza. Un brote verde de esos que en la maltrecha economía de nuestro país tanto se anuncia en vano. Un motivo para creer que sí se puede –abstenerse de leerlo en forma de cántico de infausto recuerdo para el murcianismo-.

El equipo de ayer no es el que mejor fútbol ha desplegado este año en NC. Tantos partidos calamitosos posiblemente han enterrado en vuestra memoria aquellos maravillosos encuentros de tiqui-taca del inicio liguero con Siviero, pero en nuestro estadio ya se había visto fútbol esta temporada. Sin embargo, el equipo de ayer es el que más ha dignificado esa palabra –equipo– en el curso actual. Las líneas juntas. Sacrificio en fase defensiva. Presencia en fase ofensiva. El trabajo de Acciari y Toribio. La implicación de Matilla, que ayer, sin ida de olla de por medio, fue ese jugador que tiene fútbol para un primera de caché. Y Kike haciendo lo que se le pide, y haciéndolo de forma magistral. Y no, no me olvido del guardameta. Javi Jiménez está demostrando muchas cosas estás últimas semanas. La primera es que es un profesional como la copa de un pino. La segunda, que aun cuando un equipo va tan mal como el Real Murcia, un jugador que lleva a cabo su trabajo con dedicación y talento recibe el reconocimiento de afición y prensa, y acaba por recoger lo que siembra. Lejos del feo tópico del convento y lo que me queda dentro… Lo tercero, y más triste de todo, es que él sí que vale lo que pedía para su renovación, y que el club no puede permitirse pagarle. Cuando llegue el final de temporada nos daremos la mano y el se marchará. Tendrá, muy posiblemente, sitio en un equipo con superiores aspiraciones. Y cuando vuelva a Murcia será recibido con honores. Como alguien que honra su profesión y al fútbol. No puedo acabar mi repaso a lo sucedido ayer sobre el verde de NC sin hablar de la actuación del Gran Capitán, Óscar Sánchez. Cuesta encontrar las palabras. Sólo se me ocurre decir que lo que más siento es que haya desarrollado tantos años su profesión con otra camiseta. Un profesional dentro y fuera del campo. Un líder. Un tío tan normal, y tan extraordinario. Su aterrizaje forzoso en el centro de la zaga se ha convertido en una de las claves de ese Murcia más concentrado de las últimas jornadas.

No podía resistirme a hablar un poquito de lo futbolístico, en un día como hoy. No obstante, el principal motivo de sentarme hoy frente a la pantalla no es compartir mi alegría. Ya sabéis que mis palabras encuentran mucha más tinta en la rabia y la impotencia, que en la alegría o la celebración. El primer día de la semana después del #llenamosNC no me es posible guardar silencio sobre la afluencia de público de ayer a nuestro estadio. 6378 espectadores. Si descontamos los que vinieron de Almería, no llegamos ni a 6000 murcianistas. A mí me acompañaron siete no habituales. Siete del club de los 10 euros. Hacía yo mis cálculos, y me las prometía felices. Con que otros 1000 socios moviesen sus contactos con mi mismo éxito, el #llenamosNC tendría un resultado espectacular. Llegando al estadio pocos minutos antes del partido, y viendo la intensidad del tráfico, ya me fui dando cuenta de que la afluencia de espectadores iba a ser decepcionante. Sólo puedo llegar a una disyuntiva: o realmente tan locos por el Murcia como yo, dentro de la masa de abonados, sólo hay unos poquicos, o bien debo sentirme muy orgulloso por mi entorno, y por su excelente respuesta ante mi canto de murcianía y murcianismo.

Me decanto por lo segundo, porque me consta el esfuerzo que muchos abonados llevaron a cabo, sin éxito, para lograr subir a amigos y familiares a la nave grana. Creo que muchos coincidirán con mi opinión sobre la baja asistencia al estadio en el día de ayer. Y es que he llegado a la conclusión de que la raíz del problema es que hay mucho aficionado al fútbol de salón en nuestra Región. Mucho madridista y barcelonista, que también tiene simpatía por el club de su ciudad, pero que está acostumbrado a vivir la pasión por unos colores con una pantalla de por medio. Alguno no ha pisado, ni lo hará en su vida, el Bernabeu o el Camp Nou. ¿Cómo queremos que pise NC en una tarde así? “Con el frío que hace, y lo dan en Marca TV…”. “Unas palomitas, y a ver el partidico tranquilo en casa”. “¡Quita, quita!, ir a hacer cola para entrar, cola para salir, lloviendo…” Hay un listado interminable de excusas. Si hace buen tiempo, las excusas tampoco faltan: “Es que hace un día de playa…”. “Yo lo veo con un gintonic en mi tele de 52 pulgadas”. “Como en la tele no se ve en el campo”.

Los que hemos forjado nuestra pasión por el fútbol sentados en el frío y duro cemento de La Condomina, no podemos entender cómo se puede estar lejos de tu equipo en un día como el de ayer. Por eso no voy a darle la razón a Samper cuando dice que a Murcia y los murcianos no les importa el Real Murcia. A pesar de que viendo la grada ayer pudiera existir la tentación de hacerlo. El problema es que el fútbol se ha vuelto un espectáculo televisivo. Mucha gente va al estadio como el que va al teatro. Sorprendiéndose de que no den las repeticiones. Mirándolo a uno con cara de estupor cuando se levanta y pierde la garganta gritándole al árbitro, o pidiendo intensidad a su equipo. A más de uno le pagaba yo un viaje a Pamplona, para ver a Osasuna en directo. Seguramente entendería mejor por qué ese equipo lleva las temporadas que lleva en primera, con palicos y cañicas, y el Real Murcia no.

Por eso me atrevo a decir que el estadio sí estaba ayer más lleno que nunca. Más lleno que nunca de puro murcianismo. La grada, ayudada por la acumulación de personal en los fondos superiores, a resguardo de la lluvia, estuvo unida y apoyó como nunca en toda la temporada. Consciente de la gravedad de la situación, y de la importancia de su aliento. Murcianismo de cemento. De ese cemento de la mítica Condomina. Duro como nuestros corazones. Inquebrantable como nuestra pasión. Ojalá pudiéramos contagiarlo a esos futboleros de mando a distancia. No saben lo que se pierden. El fútbol en estado puro. Ese grito de alivio y de alegría cuando ayer el árbitro dijo fin. Cuando volvimos a ganar. Cuando el equipo unido en el centro del campo fundió su aplauso con el nuestro. ¡Hasta el final, vamos Real!

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